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Mostrando entradas de diciembre, 2009

Reencuentro

Anoche emergí de su vientre. Mi mente se hizo dueña del cuerpo que había equivocado. Volví a cantar aquella melodía que me prometía un sol brillante, y delineé una vez más la sonrisa matutina que avivaba mis ganas. Me permití sentirme liviana y flotar a la par del polvo estelar que días antes alumbraba mi tristeza.       Y volví a ser esa parte de mí que se dibujaba radiante, embriagada de ilusiones infantiles y cuentos de hadas.
Hoy mi tiempo reposa en un suave péndulo que mece mis sueños extravagantes, que atiende mis dudas triviales y se regocija con añoranzas pueriles. Esta mañana no encuentro tus obstáculos que me impedían colisionarme de manera torpe, o saltar las líneas del pavimento y evitar pasar debajo de una escalera. No tengo que buscar excusas para convulsionarme en furia y esperarme tan sólo unos instantes para decirle a quien amo que se fugue conmigo. Ya no estás.
        Y la posibilidad de probar/ver/…/vivir cualquier cosa que mi corazón impertinente desee experime…

Sólo desee amarte...

Aquel lugar era enfermizo. Las personas deambulaban desesperadas en busca de atención, en busca de ayuda. Y tú y yo ahí, amor, extraviados en medio de una multitud que nos traspasaba. 

Te vi temblar mientras susurrabas mi nombre. Acudí a tu llamado lo más rápido que me fue posible en medio de tanta locura, pero aquel escenario tan inverosímil alejó mi mente, la dejó flotando dispersa en algún lado en donde no estabas tú . Volviste a enunciar mi nombre y me obligué a escuchar. Al verte de nuevo fue como si te viera por vez primera, y por vez primera te amé al instante. Lucías indefenso, y el brillo en tu mirada extraviada provocaba una irrefrenable ternura. El sudor en tu frente destilaba el más suave brillo y todo tú te convertiste en un manojo dócil y amable que se escabullía para entrometerse en mi corazón. 
Al primer roce de tu mano helada e inquieta, el más grande temor perpetró mi cuerpo, ultrajó mi mente y al fin me hizo suya. Al ver el dolor en tu mirada lo sentí penetrar la mía. T…

Amelia

¡Hey! Al fin se acerca el fin de este lapso estudiantil y a pesar de que todo el semestre fue malo (sh&T), una de mis últimas clases de discurso audiovisual me dejó algo bueno...
Resulta que vimos el tema del VideoArt, y de la confluencia de artístas que implica este tipo de producción. Al principio no le vi mucho sentido a esto y me pareció la reducción del arte llevado al plano multimedia, una innovación hambrienta y poco profunda pero, independientemente de mi pobre apreciación artística resulta que pude valorar un videin que el profe nos mostró. 
Se trata de VIdeodanza. A decir verdad tampoco entiendo de ballet  pero en algún momento practiqué un poco de danza y, si algo me quedó claro es que, dejar que tu cuerpo flote a la par de la música es una sensación plena, que explota los sentidos y  permite una expresión exquisita a través de nuestra herramienta más valiosa: nuestro cuerpo.  
En realidad espero que disfruten este video porque al menos a mí me encantó. Después de todo, en…

Eco de una sombra

No he podido llegar más lejos. Me exijo ser fuerte pero siento caer en el abismo de la indiferencia. Me he convertido en aquella patética figura que repudio, integrándome al proceso robótico que enajena mis sentidos. Camino sin sentir mis pisadas; no logro percibir la luz del día porque los tonos grisáceos han cubierto mi visión: menos aún puedo percibir el delicioso menú de emociones que se aparecía ante mí en una encantadora metamorfosis de arcoíris. 
Diviso un punto lejano, sin mirarlo, sin poder ver. Cegada por la obstinación del recuerdo tardío, del incendio interno que carcome las sensaciones placenteras para enterrar en sus cenizas el resplandor de lo vivido. Lo acalla. Lo sepulta en el olvido.
El curso de mi paso está programado, no he de detenerme. No he de ser más que la sombra de mi espectro. Reducida a una visión nocturna, un mal sueño que, a la mañana siguiente, dejará la sensación de haber sido real.
Un mal sabor, falta de color, un eco… Una voz suave, dispersa, lejana, una…

Retrato de una sonrisa

Era un pequeño punto entre la bruma, extraviada en la profundidad de un eterno lamento. Habitaba en un grito ahogado, inmersa en un mundo sofocante. Me costaba respirar. 
Corrí con todas mis fuerzas hasta caer exhausta. El dolor persistía, me consumía lentamente. Busqué un pequeño refugio, una sombra que calmara mis lágrimas, una luz que diera cobijo a mi alma. Intenté buscar alivio, una voz que notara mi existencia y se alegrara con ello. Busqué incesantemente. 
Es el día más solitario. Camino por calles hundidas en la oscuridad, personas sin rostros, voces convertidas en ruidos lejanos, fantasmas entre el espesor de la inquietante niebla, soledad en rededor del frío que penetra mis huesos debilitados, y mi cuerpo entero.
Estoy cansada. Me cuesta trabajo seguir caminando. Me detengo para columpiarme, para sentir el frío del viento colisionándose contra mi rostro. Lo recibo con los ojos cerrados para no mirar, para fusionarme con él, para desaparecer esparcida en polvo.
Lo recibo co…