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Fashionistas

Llegamos tarde - muy tarde - y la rueda de prensa estaba por concluir. Aun así no llevábamos prisa, pues no había mucho que escuchar. Los fotógrafos amontonados se peleaban por conseguir la mejor imagen y ahí estaba ella, la reina del desfile al centro de una tarima sencilla que le iluminaba su rostro de angelito… de Victoria Secret. Dijo sus últimas palabras, un caluroso "thank you", una sonrisa y se fue. Todos salieron de prisa para conducirse al piso en donde daría lugar el glamuroso evento. Y ahí iba Candice Swanepoel, con su esbeltísima figura, alta y con un porte y una sensualidad tan intensa que no parecería una mujer de apenas 23 años. Y todos los demás, detrás de ella. Todos desalojaron prontamente la terraza. Mientras, nosotros nos detuvimos en la barra de comida japonesa para deglutir deliciosos platos de sushi, yakimeshi y, por qué no, un té de limón para acompañar.  Y ahí estábamos, sin prisa y como extraviados, como quien llega a un restaurante en busca de...

Realidad onírica

"Todo conduce a creer que existe un cierto punto en el espíritu desde donde la vida y la muerte, lo real y lo imaginario, el pasado y el futuro, lo comunicable y lo incomunicable, lo alto y lo bajo cesan de ser percibidos contradictoriamente. En vano se le buscaría a la actividad surrealista otro móvil que la esperanza de determinación de este punto." André Bretón "Vasos comunicantes" Diego Rivera Desde hace tiempo que ya tenía ganas de ir a la exposición “Vasos comunicantes” montada en el MUNAL. Quería ir sola y bien preparada con alguna dosis exagerada de  azúcar  y chocolate para disfrutarla con todos mis sentidos pero, en vez de ello, invité a mi familia a acompañarme, por lo que realmente el recorrido se tornó un tanto... llamémoslo "diferente" de lo que esperaba.  Pese al error de cálculo, la  exposición  brinda un recorrido medianamente atractivo, con un par de cabinas que nos ofrecen cortos de los principales exponentes, como Luis Buñuel....

Memoria de mis mascotas tristes.

Advertencia: esta es una historia absurda que te robará el corazón, o bien, sólo te quitará el tiempo Su nombre era Betina, estaba loca y era de mis mejores amigas cuando yo tenía ocho años. Betina era amante de los animales. Vivía con su padre, sus hámsters, su gato y una enorme pecera llena de renacuajos a los que había rescatado de algún charco perdido. Además de escapar en bicicleta de los chicos que eran mayores que nosotras, y que nos perseguían ociosamente, nos divertíamos tocando timbres, rescatando lagartijas y jugando con sus mascotas. Todo era perfecto hasta que su papá consiguió un empleo en Guadalajara y Betina tuvo que partir.  Así fue como mi amiga se fue, dejándome el recuerdo de nuestras pueriles aventuras y una semilla que había sembrado en mí el amor hacia los animales. Aún recuerdo cuando llevábamos flores a la tumba de su conejo muerto un año atrás.   De esta manera comenzaron mis intentos por obtener una mascota. Mi primera experiencia fue con un...

Tras vivir y soñar, lo mejor es despertar

Después de introducirnos hábilmente entre los demás cuerpos igualmente excitados y bien plantados, escuchamos una voz masculina encendida: “los jóvenes están logrando un milagro, porque esta generación estaba condenada a la apatía y al individualismo pendejo” . Sin saber muy bien de dónde provenía, volteamos a ver al portador del micrófono que, para nuestra sorpresa, era Paco Ignacio Taibo II. Mi emoción por verle era, al parecer, contraria a las emociones que sus palabras causaron en el ánimo de los organizadores, quienes no tardaron en pedirle que abandonara la improvisada tarima, dejándole claro que esa marcha era un movimiento estudiantil absolutamente apartidista. Ante el incidente, comenzaron los gritos que clamaban “Yo soy 132”, consigna que no tardó en alcanzar al resto de los manifestantes reunidos en la explanada de la Suavicrema, digo, de la Estela de luz (así suena más “chic” y hace honor a su tan ridículo como escandaloso costo). Muy a su pesar, Taibo II no tuv...

Yo también soy #132

Siempre he sentido un especial cariño por los sesentas. La idea del hippismo me ha maravillado por muchas razones. Cuando le contaba a mi madre que nada me habría gustado más que haber vivido en los sesentas ella aseguraba burlonamente que solo lo decía porque era el apogeo de las drogas y la psicodelia.  He de admitir que algo hay de cierto en tal afirmación, pero la realidad es que no hay algo que admire más de los sesentas que la intrincada consciencia social de la que era poseedora y fiel portadora la juventud de aquél tiempo. Hasta hace poco tiempo me decepcionaba profundamente la terrible apatía en la que estaba sumergida nuestra generación, y eso me hacía envidiar más aún el verdadero hipismo de los sesentas, sus drogas y sus eternas consignas de amor y paz. El botón que reactivó mi ilusa esperanza de cambio se desató a raíz de dos movimientos juveniles ocurridos en este mes de Mayo: el “11 M” y el “Yo Soy El #132”.  Ambos movimientos me sorprendi...

Érase una vez una hojita

Esta es la historia de una hoja que quería ser todo menos hoja... Érase una vez una hojita varada en su maraña de pensamientos. Volaba sin rumbo, mortificada por la ignorancia de su destino, lo que no le permitía ver que, debajo de ella, dejaba atrás a las piedras que quedaban  desoladas sin la más remota posibilidad de volar.  Creció bajo el amparo de un frondoso árbol, justo a lado de una inmensa jacaranda. Siempre vio a las florecillas con singular alegría y un atisbo de envidia por querer ser flor. Un día le despertó un céfiro singular y, así sin más, fue arrancada por la fuerza de la  ventisca   otoñal que llegó de improviso. Alarmada, voló con el viento, sin rumbo, lo que desató en ella una honda desesperanza Se reprochó incesantemente su insignificante existencia, sus ganas inmensas de haber nacido flor y no hoja; y porque, aun habiendo nacido hoja, siempre anheló llegar a ser árbol, fuerte y robusto, dador de refrescantes sombras.  ...

Un instante robado al tiempo

Hoy tuve una de esas noches solitarias en las que el tiempo cobra la forma de un cigarrillo para consumirse lentamente en mis labios. Suelo disfrutar en demasía el aire frío que precede al invierno. Se me figura un viento nostálgico, un huésped que se convierte en anfitrión y nos brinda un momento con nosotros mismos.  Unas cuadras antes de llegar a casa, ese viento se precipitó contra mi rostro y me instó a detenerme un momento. Sin tomarme un segundo para pensarlo, entré a la cafetería, compré un café y un par de cigarros. Caminé muy poco, sólo lo que me requirió para hallar un sitio en donde sentarme. Una vez instalada, y después de haber encontrado la posición más cómoda para mis piernas, encendí uno de los cigarrillos y fijé mi mirada en un punto más o menos lejano. Ahí, sentada y a la media luz de una luna menguada, pensaba en la inmensidad y en la nada, en el infinito, en el tiempo, ese tiempo que es de todos y que no se encuentra en nadie, ese tiempo que es uno m...