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Mostrando las entradas etiquetadas como a/m/o/r

Recuerdo de un amor

Eres tú acaso ese que habita mi alma, dentro de un silencio absoluto, abrumador, aquél recuerdo furtivo de nosotros, aquél te amo que alguna vez enunciamos Eres tú acaso aquél que ha sellado mis labios, y que, perpetrando mi cuerpo, le ha abandonado. Un tímido sollozo queda de él, de ese cuerpo desnudo, sin cobijo, sin ansía ni amor y sin ti Eres tú acaso aquél que me decía palabras hermosas, quien me elevaba en el acto del amor para luego apartarme con su indiferencia, llena de su ausencia, llena de temor por su partida. Eras tú quien tenía en su poder mi mente y mi alma, eras tú quién tenía el control que da el amor, ese amor sin condición a merced del amor dominante, del amor despiadado que sublima y desgarra con igual fuerza Eras tú, siempre fuiste tú quien me llenaba la vida, para después arrancarme el aliento con su abandono, tú mi presente y mi sueño futuro, mi inicio y fin, tú, quién podía encenderme y apagarme las ganas de amar.

La costumbre de lo que llamábamos amor

Él va en su búsqueda día con día. La espera en la salida de su oficina, a eso de la seis de la tarde, para que puedan regresar finalmente a casa. Así ha sido los últimos veinticinco años. Apenas sus miradas se cruzaron y ya sabían lo que procedería. Aquél ritual amoroso que suelen hacer al saludarse: unen sus labios de manera intermitente, tal vez un abrazo y, enseguida, se toman de la mano. Comienzan a andar como quien conoce perfectamente su destino y, con paso atinado, ella intenta seguirle el ritmo. Pronto comienzan a intercambiar brevísimos relatos en los que resumen lo más importante de su día, tal vez alguna broma y un comentario furtivo. Suelen sentarse a comer juntos mientras miran el televisor sin cruzar palabra, pero a veces logran cruzar algunas miradas y coincidir a la hora de reír. Cuando queda un poco de energía comienzan a tejer caricias eróticas en la cama. Un par de besos y, recurriendo a otro ritual gastado, harán aquello que solían nombrar amor. A la mañana sig...

Un placer conocerte...

Eso no está bien. Debes andarte con cuidado. ¿Pero que no te has dado cuenta de que…? Seguramente ni siquiera sabes lo que quieres. No sabes lo que dices. ¿Qué pregunta es esa? ¡Qué cosas dices! …. Sé que no me entiendes, y que no deseas hacerlo. Sé que el diálogo más extenso entre nosotras es un cuestionario matutino bastante protocolario, tal vez un "Buenos días" Y un "Cómo amaneciste". Aunque no me agrade la idea, así han sido las cosas. Cada vez que te diriges a mí lo haces para escupir reproches, alertas, reprimendas o consejos pero, al final, lo único que escucho es un ¡tú no sabes, yo sí! A veces sólo callo, porque intentar decir algo cuando una multitud enardecida grita resulta ser un patético esfuerzo que deviene en una frustración mayor. Sobra decir que eres tú esa multitud que se abalanza contra mí, esa masa amorfa que se dirige hacia donde estoy para inmovilizarme. Siempre estás ahí para interrumpirme, para decirme: ¡detente, no sab...

Déjame, amor

Cuando nadie puede ver, a través de su mirada, el desgarre interior es más profundo. Déjame tocar tu puerta y esperar por ti. Finge que la espera, que postergaba el sueño, Era el anhelo de mí, de nosotros. Déjame ser la de ayer ante tus ojos, Y pretende estar enamorado, Como antes, de mí. Déjame pensar que no todo tiene fin, Que el tiempo se mantuvo en pausa, Aguardando por amor. Déjame humedecer mis labios, Entre tus labios, unidos, En el grabado eterno. Déjame entrar y tocar el fondo, Y sentir que el adiós pasado, Se diluye en el calor del beso. Déjame, una vez más, ser yo, Junto a ti, sin más que esto. Mantenme a tu lado, amor.

Vals Nocturno

La noche no podía ser más espesa y su sopor era casi insoportable. Dentro de la habitación una pausa prolongada nos convertía en dos extraños sentados al borde de la cama. En un punto perdimos la cuenta del tiempo y desechamos la querella que había antecedido a nuestro mutismo.  Nuestras miradas se entrecruzaron, nuestros ojos se buscaban desesperados pidiendo ayuda. Se convirtieron en cómplices. Silencio. Sin enunciar palabras decidimos pactar la reconciliación más dulce.  Tu mano tibia despejó mi frente, recogiste mi cabello hacia atrás y acercaste tus labios a mi rostro desnudo. Ambos irradiábamos una luz tenue, húmeda. Nuestros perfiles acompasaban a nuestros corazones acelerados.  Tu dedo recorrió mi mejilla, mis labios, mi cuello. Lentamente se desplazó hacia abajo, convirtiéndose en un vulgar ladrón que se escabullía dentro de mi blusa. En un instante comenzó a arrancarla de manera presurosa, ansioso por descender hasta un punto ínfimo.  Esc...

Tú y yo

Es increíble verte hoy en medio de este espesor nocturno. Sorprendente distinguir tu silueta. No te pedí que volvieras pero aquí estamos. Tan absurdos, tan anónimos. ¿No te parece que somos dos desconocidos que juegan a seducirse una vez más? Tal vez sólo pretendemos ignorarnos de manera conjunta, acompañados de un orquestado silencio que nos embriaga, que nos confunde hasta ser uno mismo. Sí, esta noche somos uno solo. Ni tú ni yo, sólo alguien, alguien que juega a desconocernos, a traspasar nuestros cuerpos, a mezclar nuestras almas, a enunciar un único anhelo: el de pertenecernos una vez más. Cuando mi mente se vuelva a apropiar de mi cuerpo, y ya no sea más tú y yo, ni nosotros, sino yo misma, me aseguraré de decirte que sí puedo vivir sin ti, es sólo que no es mi deseo...  La La despedida. Remedios Varo  

Reminiscencia

Me esfuerzo en olvidarte, pero el tatuaje de tu beso se aferra a mi nula voluntad. Duele hondo, como siempre pasó, pero mi cuerpo se ha hecho adicto a tu indiferencia.  Ando por andar, no por mí sino por ti, para jugar a que todo es una coincidencia. Si te encuentro, quizá te mire de reojo por un minuto, o dos. Tal vez tú no me mires, pero estarás cerca, y los días de tu ausencia serán borrados, pues todo cobra sentido una vez más. Desesperanza, pues permaneces mudo, impávido ante mis súplicas, ante mi llanto, ante mi amor. No pude darme cuenta en qué momento te convertiste en una hostil estatua, una frígida estampa de aquél a quien repetidas veces llamé amor.  Hoy sólo soy el fantasma de todo lo que creí, sin poder entregarme más, sin permitirme que duela menos. Cuantas veces me cuestiones, asentiré con silencio, pues en mí ya no hay palabras, ni brillo, ni alegría. Únicamente queda la añoranza, la idealización perpetua del ser magnífico, de ti, el único para mí.  ...

Sólo desee amarte...

Aquel lugar era enfermizo. Las personas deambulaban desesperadas en busca de atención, en busca de ayuda. Y tú y yo ahí, amor, extraviados en medio de una multitud que nos traspasaba.  Te vi temblar mientras susurrabas mi nombre. Acudí a tu llamado lo más rápido que me fue posible en medio de tanta locura, pero aquel escenario tan inverosímil alejó mi mente, la dejó flotando dispersa en algún lado en donde no estabas tú . Volviste a enunciar mi nombre y me obligué a escuchar. Al verte de nuevo fue como si te viera por vez primera, y por vez primera te amé al instante. Lucías indefenso, y el brillo en tu mirada extraviada provocaba una irrefrenable ternura. El sudor en tu frente destilaba el más suave brillo y todo tú te convertiste en un manojo dócil y amable que se escabullía para entrometerse en mi corazón.  Al primer roce de tu mano helada e inquieta, el más grande temor perpetró mi cuerpo, ultrajó mi mente y al fin me hizo suya. Al ver el dolor en tu mirada lo sentí pe...

... el dolor es dulce

Hace unas horas que he despertado y mi primer instinto es llamarte. Lo pienso dos veces o tal vez más. ¡No quiero que me rechaces! Cuando lo pienso mucho termino por no hacerlo para terminar hundida en cualquier actividad banal, pero cuando sigo mi primer impulso ¡qué va! ¡A veces resultan momentos grandiosos! Al fin me he decidido. Salimos por unos momentos para pretender que nada ha pasado y revivir aquellos instantes furtivos que nos han tendido una mañosa treta. Pretendo alcanzarlos. Tomo tu mano, nos miramos fijamente y al fin somos nuevamente aquellos cíclopes enamorados que enuncia Cortázar. “Y si nos mordemos el dolor es dulce…” Ahora tan sólo es dolor, y la complicidad se difumina para erigirse como una poderosa muralla, la valla de las viejas rencillas, los sueños frustrados, los intentos fallidos, las mentiras, los celos, el vacío… te desvaneces. De repente me hallo sola, más sola que nunca antes. Camino en contraflujo y parezco ser un fantasma entre la niebla. Las voces...

Carta al Amor...

"La belleza que atrae rara vez coincide con la belleza que enamora" José Ortega y Gasset No sé exactamente quién eres ni cuál es tu objetivo, pero te he sentido muy dentro de mí. Has sido la causa de latidos acelerados, penosos sonrojos, actos impulsivos, encuentros pasionales y actitudes sinsentido. Me he entregado a la voz suave con que susurras, aquella que clama por impulsos, por entrega en vez de exigencias, besos y no reclamos, reconciliaciones sustitutas de incesantes discusiones, por sueños en vez de sinsabores, por ti y no algo más. Llegaste y no pude explicar cómo fue, ni en qué momento, pero puedo respirarte a cada instante, llenando mis pulmones con tu dulce aliento. Día a día estás conmigo en la sonrisa matutina, en el amanecer y en el ocaso, siendo mi soporte en los fracasos y el aplauso en mis logros, el consuelo y la pena, el todo que me inunda y aleja la soledad, quien baña de luz la opacidad de la monotonía. Cada instante a tu lado es distinto al ante...

Tiempo extraviado

Coged las rosas mientras podáis veloz el tiempo vuela. La misma flor que hoy admiráis, mañana estará muerta... Walt Whitman  Soft watch at the moment of first explosion. Salvador Dalí Por fin ha llegado la alfombra otoñal, y con ella la hiel que suele impregnarse en mis huesos que caminan torpes para evitar caer. De manera sensata decido limpiar aquél indicio de lágrima que se asoma por mi globo ocular cristalizado. Invadida por una estúpida y, aparentemente, injustificada nostalgia, decido caminar en contra del viento frío que golpea mis mejillas.  De fondo musical “shy” de Sonata Arctica, para acompasar mis testarudos pasos y aquellos disparates amorosos que se arremolinan en mi mente dispersa. Me aferro a no pensar, pero el intento es fallido.  Rendida ante la invasión del recuerdo taciturno, me entrego a la oscuridad de la noche para replantear el curso de los hechos recientes. Parece haber sido un mal sueño. Quiero despertar. Pi...