Ir al contenido principal

Portémonos bien.


Pórtate bien, le decían. En la escuela, en casa. Pórtate bien. Las personas que se portan mal no agradan a un mundo tan hipócrita. Tan reprimido.

Las personas que se portan bien, en cambio, s í que les caen bien. Estas personas no provocan problemas, nunca causan problemas. Ellas sólo se limitan a hacer lo que tienen que hacer. Están aquí por un motivo oculto en su chip y ellas sólo se limitan a seguir lo que sus consciencias implantadas les dictan. Nunca se preguntan al respecto. Es una especie de suerte que ellos conocen como “destino”. Del latín “pendejus”.

Al demonio su buena conducta. Si me dieran a elegir entre tener la buena conducta de un robot estúpida y embelesado con la utópica felicidad de la “perfecta pendejez” y la infelicidad causada por el despertar de un recién nacido que quiere construirse otro mundo, alejado de la perfecta pendejez, digo, felicidad, entonces elijo… A la mierda. Debe haber más mundos.
Banksy.
Elijo portarme mal. Porque, ¿por qué no? Tal vez no tenga nunca más otra chance de hacerlo y, siempre lamentaré mucho más el no haber hecho o probado algo malo que me hiciera sentir el arrepentido del vivo que ha vivido, que ha sentido, que ha caído, que ha tropezado. Del vivo que, una vez caído, se levantó de nuevo para gritar locamente hasta perder la razón. Renació en un grito. En una sed de un mundo nuevo. De un mundo distinto en donde haya más conductas que no sean portarse bien o portarse jodidamente mal.

  Pero, al final, sólo quiero que seas feliz así que sé lo que tú quieras ser. Pro siempre quieres ser eso que se te enseñó a ser. Aunque quisieras querer ser alguien más, no podrías ser alguien que nunca se te enseñó a ser porque entonces no existirías. Al final, nadie quiere no existir. Nadie quiere sentirse alguien tan diferente completamente incapaz de reconocerse en alguien más, de añorar un lugar conocido, una raíz, una razón que le explique de dónde viene y hacia dónde va.

En el fondo nadie quiere sentirse tan jodidamente solo.
  

Sanitarium, leave me beSanitarium, just leave me alone

Sanitarium, leave me be Sanitarium, just leave me alone

Comentarios

Filemón Parte ha dicho que…
Saludos Mar!

Entradas populares de este blog

Mi nueva semilla

Dejé atrás las excusas y la autocompasión para rozar el punto más álgido del arcoiris con mi lengua. Aprendí a navegar usando la dirección del viento a mi favor, para mecerme de un segundo a otro, al compás de una buena rola. Mientras fumo un cigarrillo, veo mis temores pasados perderse en cada exhalación. No es una sensación efímera, sino una verdad que retoña: la vida misma, repleta de magia y amor.  No estoy desconectada. Me entristezco y lleno de rabia al leer las noticias. Me hieren profundamente la injusticia, el maltrato, los prejuicios, la ignorancia, el odio, el egoísmo y nuestra ceguera pero, en los últimos días, las heridas han sanado, poco a poco, gracias al agua del mar. Esos dolores siempre han pesado, pero hoy me siento más liviana, plena e ingenuamente esperanzada. Sin más equipaje que un par de sueños en cada bolsillo, me levanté después de haber caído debilitada por lágrimas de añoranza, nostalgia, frustración y tristeza, y logré flotar en un aire i...

Yupica Gaiano: tejiendo el ideal de una artvillage

                Imagina un colectivo de arte contemporáneo en el que se reúnen carpinteros, relojeros, ebanistas, torneros, científicos y artesanos textiles, en donde ningún quehacer es menos importante que otro, pues es la suma de los esfuerzos y los conocimientos individuales lo que posibilita la convivencia y la creación de una obra de arte en común. Esta es la forma en la que trabaja el colectivo Chameshiji, un proyecto en donde convergen conocimientos y habilidades de diversas disciplinas y oficios. Instalación de Chameshiji. Foto: Yupica Gaiano                 En sus obras utilizan materia orgánica y herramientas digitales como materia prima, por lo que no te sorprenda encontrarte unas gomitas azucaradas, fideos y  granos de arroz pegados con resina sobre algunas de las piezas. Esta técnica la aplican en Especiero , u...

Luminiscencia

Parece que el año más caótico a nivel mundial coincidió con uno de los mejores años de mi vida. ¿Señal o simple coincidencia? Señal, por supuesto. El 2016 nos gritó a la cara que todo ese cuento de la sociedad civilizada y progresista es una vil mentira que, aunque nunca nos la creímos del todo, nos esforzamos por mirar hacia otro lado para reconfortarnos en el dulce ensueño de la templada ignorancia. Este año nos confrontó para preguntarnos sin trabas, ¿sigues creyendo que todo está bien? Hoy, a semanas de terminar el año, decidimos mirarle de reojo para confesar tímidamente: “aguanta, ya entendí cómo está el pedo”. Y en esas andamos, “aguantando”.  Es gracioso que comience por remembrar todos estos episodios porque esto no pretende ser un análisis sociológico, político o metafísico. No es más que el testimonio de una chica cuyas más preciadas experiencias ocurrieron en el año en que el mundo recordará la muerte de Leonard Cohen, Fidel Castro, Juan Gabriel, Prince, Bowie y ...