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A veces me gustaría que este mundo fuera diferente

A veces me gustaría estar parada en medio de una avenida A veces quisiera gritar en el metro. A veces se me antoja comer helado napolitano, con “emanems”, chocolate líquido, cajeta y un poco de leche. A veces me gustaría repartir besos. Sin protocolo, ni culpa, ni compromiso. A veces imagino que las pasarelas son de mujeres comunes, de cuerpos y belleza comunes A veces me gusta pensar que los noticiarios son pura ficción, y que los cuentos de hada son cosa de todos los días A veces desearía ponerme los calcetines en los brazos y una corbata de cinturón A veces imagino que el amor es más que una reacción química A veces me gustaría que la desnudez fuera la condición más natural A veces me gusta escuchar "y fueron felices para siempre" A veces me gustaría que un "te amo" bastara para recomenzar  A veces me gustaría que este mundo fuera diferente La llamada . Remedios Varo

Demencia noctámbula

Hoy que quise saltar y desviar el camino andado me di cuenta de que era mi último día. Veinticuatro horas para-ser-yo. Mañana seré alguien más. Es necesario idear un plan, el más aleatorio y absurdo que se me pueda ocurrir en un estado de consciencia permanentemente alterada. La regla es simple: mi plan es eludir todo plan.  Me gusta lo que he venido dibujando, el camino, los atajos que he tomado, las piedras con las que he tropezado pero, constantemente saboreo el anhelo de que el nuevo camino que esté próximo a mis pasos sea del todo irreal, con atajos que se conviertan en laberintos, con piedras que resulten ser papas parlantes.  Prefiero una irrealidad contradictoria, una vida irrisoria, tan terriblemente absurda que me cause una risa infinita que me haga llorar y, al final, desfallecer exhausta de tanta risa, de tanta estupidez. Quiero este mundo, el mío, no el de nadie más. Quiero estos pasos, la habitual testarudez, el descalabro nocturno, la inmadure...

Vals Nocturno

La noche no podía ser más espesa y su sopor era casi insoportable. Dentro de la habitación una pausa prolongada nos convertía en dos extraños sentados al borde de la cama. En un punto perdimos la cuenta del tiempo y desechamos la querella que había antecedido a nuestro mutismo.  Nuestras miradas se entrecruzaron, nuestros ojos se buscaban desesperados pidiendo ayuda. Se convirtieron en cómplices. Silencio. Sin enunciar palabras decidimos pactar la reconciliación más dulce.  Tu mano tibia despejó mi frente, recogiste mi cabello hacia atrás y acercaste tus labios a mi rostro desnudo. Ambos irradiábamos una luz tenue, húmeda. Nuestros perfiles acompasaban a nuestros corazones acelerados.  Tu dedo recorrió mi mejilla, mis labios, mi cuello. Lentamente se desplazó hacia abajo, convirtiéndose en un vulgar ladrón que se escabullía dentro de mi blusa. En un instante comenzó a arrancarla de manera presurosa, ansioso por descender hasta un punto ínfimo.  Esc...

Rastro de una luciérnaga

Manuel Libres Librodo Jr. Para mí no eres aquella estatuilla varada en el tiempo, ni inmortal ni permanentemente esplendorosa. No eres la falacia que sugieren los cuentos de hadas, pues tu partida es constante. Apenas te he probado, bocado a bocado, pues sobrevienes después de un mal momento, pero tu sola llegada eclipsa los sinsabores. No te idealizo como la figura perfecta, o como ese estado total y pleno por el que tendría que vivir, pues la vida va más allá. Usas mi cuerpecillo a tu antojo, unas veces viviendo dentro de mí, evaporando las malas memorias, tatuando sonrisas… otras veces sólo te vas. Basta con el menor descuido y tu partida comenzará un juego más. Debe complacerte la idea de moldearme a tu semejanza, pues es la única manera en que puedo sentirte. Infinita belleza que irradia tu pequeño ser, tú en mí, con tu aroma impregnado en mis poros, llenándome de ilusiones pueriles, dispersando la tristeza, colmándome de ti. Es entonces cuando me haces saberme vi...

Tú y yo

Es increíble verte hoy en medio de este espesor nocturno. Sorprendente distinguir tu silueta. No te pedí que volvieras pero aquí estamos. Tan absurdos, tan anónimos. ¿No te parece que somos dos desconocidos que juegan a seducirse una vez más? Tal vez sólo pretendemos ignorarnos de manera conjunta, acompañados de un orquestado silencio que nos embriaga, que nos confunde hasta ser uno mismo. Sí, esta noche somos uno solo. Ni tú ni yo, sólo alguien, alguien que juega a desconocernos, a traspasar nuestros cuerpos, a mezclar nuestras almas, a enunciar un único anhelo: el de pertenecernos una vez más. Cuando mi mente se vuelva a apropiar de mi cuerpo, y ya no sea más tú y yo, ni nosotros, sino yo misma, me aseguraré de decirte que sí puedo vivir sin ti, es sólo que no es mi deseo...  La La despedida. Remedios Varo  

Reminiscencia

Me esfuerzo en olvidarte, pero el tatuaje de tu beso se aferra a mi nula voluntad. Duele hondo, como siempre pasó, pero mi cuerpo se ha hecho adicto a tu indiferencia.  Ando por andar, no por mí sino por ti, para jugar a que todo es una coincidencia. Si te encuentro, quizá te mire de reojo por un minuto, o dos. Tal vez tú no me mires, pero estarás cerca, y los días de tu ausencia serán borrados, pues todo cobra sentido una vez más. Desesperanza, pues permaneces mudo, impávido ante mis súplicas, ante mi llanto, ante mi amor. No pude darme cuenta en qué momento te convertiste en una hostil estatua, una frígida estampa de aquél a quien repetidas veces llamé amor.  Hoy sólo soy el fantasma de todo lo que creí, sin poder entregarme más, sin permitirme que duela menos. Cuantas veces me cuestiones, asentiré con silencio, pues en mí ya no hay palabras, ni brillo, ni alegría. Únicamente queda la añoranza, la idealización perpetua del ser magnífico, de ti, el único para mí.  ...

Sombra

Hoy vi una negrura bailarina estampada en mis pasos futuros. Me pareció gracioso cómo de pronto se dibujaba la fotocopia de un enano que pisaba mis puntas y de manera holgazana se dedicaba a seguir mi camino. Me parece que es un duende que juega a ser yo. La parte de mí que se esconde en un reflejo provocado por el sol. Ojalá pudiéramos intercambiar el lugar algún día. Tal vez, si me esfuerzo mucho por comprender su danza, e imito con delicadeza los patrones de sus movimientos (que no son los míos, pues los de él ocurren con gracia), logre ser la sombra y él deje de perseguir la luz para convertirse en la imagen. Aiko`s hand. Imogen Cunningham