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Entradas

Después de ti, lluvia

Eres libre de correr y olvidar,  puedes romper mis cartas,  o borrar mis letras, pero las huellas de una historia: la nuestra, la única,  aquella dentro de ti, es para siempre. Bastó la caída inminente de una gota sobre el pavimento para desatar el comienzo del diluvio perfecto. Las calles permanecían solitarias y sin resguardo alguno. Parecía que era mejor dejarse empapar, fundirse con las gotas, ser el agua, y convertirse en el fantasma nocturno que habita la vaporosa lluvia. Al día siguiente un resplandor iluminó la silueta perdida en medio de la nada. Reaparecieron los rastros de ceniza que dejó a su paso, las huellas que nunca fueron borradas, y él ahí de pie. Su presencia era sigilosa pero inminente. Debió bastarme su mirada, pero continué persiguiéndolo hasta llegar a un punto confuso. Perdí toda noción de tiempo y espacio. Fue como disiparme en una burbuja suspendida en la nada: un todo perfecto sin manecillas ni dimensiones. Su aliento tibio en mi oreja su...

Carta a mi único amigo marciano

Esperando te encuentres bien y que la plactiketa espoimoidea haya resultado ser todo un éxito, te tengo novedades. Por aquí hay días en los que sencillamente no sé cómo se debe ser para parecer normal, para encajar, para pensar que algo de lo que me rodea es real. ¿Cómo dejo de desear ser una vagabunda consumada y que la acción también sea reconocida?  Acá las personas (lo que allá tus vecinos aliens) dicen que todos tenemos algo en lo que somos muy buenos, algo que nos gusta o en lo que destacamos (y los que no pues ya valieron cake); que nada es para siempre (porque al parecer hasta el amor tiene fecha de caducidad); que todo pasa por alguna razón (porque se nos da eso de ponerle nombre a todo, de encontrar explicaciones por debajo de las piedras y por comprender el universo mejor que todos, incluyéndolos a ustedes) y que después de la tormenta viene la calma y… ahaha (suspiro) ¡Dicen tantas cosas! Sé que a ti te puede parecer curioso saberlo pero para mí es más extraño que pa...

Lectores de mentes

Anoche soñé con un extraño, con mi hombre,  solo con él podría estar sola,  abrirme a él, por completo, solo para él.  Recibirlo en mi por completo,  encerrarlo en el laberinto de la felicidad completa.  Ya sé que eres tú. Hace un par de días vi la peli de “El cielo sobre Berlín” y he de decir que me gustó bastante. Al principio me pareció lenta y muy suave y, como para colmo tengo poco poder de concentración, me costó mucho enfocarme al cien pero, al final de mi odisea mental, logré hacerlo. La idea puede ser un poco ordinaria pero la manera de contarla es bastante interesante. Su mayor acierto conmigo fue que me hizo pensar y pensar acerca de esto y aquello, del mundo y del amor, de lo terrenal y lo desconocido… de la vida.  Pensar. Suena sencillo pero dista de serlo. Recuerdo que cuando me iba a la Uni en el metro solía preguntarme en qué pensaban las demás personas. Una vez instalada en un asiento, observaba e intentaba adivinar cómo era la vida de...
Mukti Echwantono Esta noche me sienta bien la soledad. El río de palabras sueltas revoloteando en mi cabeza es el más suave tormento, el más sádico. Lo imagino como la caída constante de una gota de agua perforando mi cerebro. Toc, toc, toc, una y otra vez.  No soy buena cuando estoy con personas. En compañía  me cuesta ser yo. Me reconozco mejor cuando estoy sola, incluso me deleita en demasía platicar conmigo misma. El único problema es que mis pensamientos en voz alta se han convertido en un hecho asiduo, rastros de locura, quizá. Dentro de mi mente vagabunda, soy buena haciendo preguntas, contestando respuestas, quedándome en silencio, repitiéndome mil reproches. Me gusta estar a solas. Es la mejor forma para pensar, para ser y para estar: a solas.  Tampoco soy buena hablando. Las palabras son amables conmigo cuando las escribo, antes no. A veces ni eso ayuda. Soy una cuando escribo y, al leerme, soy otra, y escupo sobre el papel escrito. Banalidades. ...

Déjame, amor

Cuando nadie puede ver, a través de su mirada, el desgarre interior es más profundo. Déjame tocar tu puerta y esperar por ti. Finge que la espera, que postergaba el sueño, Era el anhelo de mí, de nosotros. Déjame ser la de ayer ante tus ojos, Y pretende estar enamorado, Como antes, de mí. Déjame pensar que no todo tiene fin, Que el tiempo se mantuvo en pausa, Aguardando por amor. Déjame humedecer mis labios, Entre tus labios, unidos, En el grabado eterno. Déjame entrar y tocar el fondo, Y sentir que el adiós pasado, Se diluye en el calor del beso. Déjame, una vez más, ser yo, Junto a ti, sin más que esto. Mantenme a tu lado, amor.

El monstruo sin rostro

La Chapelle Día con día la bestia se hace más grande, apenas puede mantenerse en pie. Su apetito insaciable devora todo lo que ve a su paso, tragando por tragar, mas no por saciar su hambre. Bebe litros de alcohol, pero no lo hace  para aplacarse la sed, sino para embrutecerse el ceso. Su outfit se concreta con una playera que exhibe una leyenda: "I love me". Y la porta orgulloso, ególatra.  Contonea sus enormes caderas al caminar, y su desmedido trasero que, a algunos gusta, a mi parecer resulta grotesco. Ignora lo que ve a su paso, pues se dirige firma hacia sus objetivos mundanos.  Su ignorancia y desinterés se ven reproducidos fácilmente en un hábito por dimensionar las realidades más frívolas. No hace más que comprar, comprar y comprar. Cuando se agoten las tarjetas, recurrirá a un préstamo, pues lo que le interesa tiene un precio. Esclavo del aprecio superfluo, del ajetreo cotidiano y de la perfección ególatra del individualista consuma...

Pedazos

A veces me resulta muy difícil encontrarme. Ahora mismo no sé quién soy. Las cosas suelen empeorar al momento en que me doy cuenta de que los demás tampoco me conocen. Absolutamente nadie sabe poco de mí, ellos sólo ven facetas. Han visto los pedazos de mí… a ratos… cuando soy feliz, cuando soy triste, cuando lloro, cuando grito. Pero yo no soy esos trozos, y ni siquiera su suma. No soy la que ayer fui, y mañana no seré lo que hoy puedo ser. A la sombra soy un rastro, y a la luz una sospecha. Ni luz ni oscuridad, ni bien ni mal, sólo yo, hoy y ahora, pero no completamente.