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Entradas

De aquello que sí vale

Hoy lo confirmé: en la vida me toparé con muchísimas personas. Siempre irán y vendrán. Siempre habrá alguien con quien hechar el cigarrito; alguien que invite la peda o que saque la fiesta; siempre habrá alguien con quien echar desmadre. Siempre habrá alguien que quiera estra en tu equipo de trabajo o algún compañero que te acompañe a comer.  Siempre habrá alguien que quiera ver la misma movie y que te acompañe al cine. Siempre habrá alguien con quien discutir de vanalidades, con quien compartir  tus gustos musicales, o con quien hablar de chicos o chicas agradables a la vista... Pero, de todas esas personas, pocas son las que estarán cuando estés de aburrido-aguafiestas -triste-reflexivo o depre. Pocos con los que podrás compartir lo sencillo y lo profundo de la vida. Pocos los que te entenderán cuando estés harto; pocos que simplemente escuchen sin pretender aconsejar, cuestionar o juzgar; pocos que no quieran o esperen algo a cambio. Pocos que estén con...

Encuentro

He vivido las 72 horas más surrealistas que alguna vez se me hayan podido antojar. Tuve mil sensaciones. De las más diversas y locas. Preocupación; tristeza, melancolía, culpa, felicidad, enamoramiento, agradecimiento, inspiración, soledad, plenitud y mil y una más que, al igual que Grenouille, sencillamente no se pueden describir porque, algunas veces, éste y todos los lenguajes nos resultan insuficientes para expresar ese no-sé-qué-que-qué-sé-yo. Me ocurrieron desde “discusiones” con el chofer del transporte escolar; bromas al jefe de mi área; tristeza profunda licuada con un poco de melancolía y reproche; un peculiar patriotismo resurgido con-tintes de-cambiar-el-mundo (y sino el mundo, al menos sí éste que yo habito: mi mundo); y una soledad tristísima que al poco rato me sentó de lo mejor. Siempre le he tenido un profundo miedo a estar sola. Me aterra la idea de aventurarme por cualquier paisaje urbano sin más que mi alma. A veces suelo acompañarme de mi voz, ese ti...

Reproche

Cuando despertó, le bastó recordar -en milésimas de segundos- las circunstancias recientes para desdibujar la sonrisa matutina que le gusta vestir a diario. Sintió que era uno de esos días en los que las cosas no pueden salir peor. Grave error. La nubosidad de la mañana le hizo creer que nada de eso podía estarle pasando. ¿Por qué a ella? ¿Por qué en ese momento? ¿Por qué? ¿Por qué? No hacía más que recorrer las posibles respuestas, hasta el más recóndito pasaje de los recuerdos, cualquier indicio que le diera un poco de calma. Nada.  Comenzó por alimentar la memoria, aquellos momentos en que, si no era la más dichosa, al menos reía más veces de las que lloraba. Se reprochaba el haber dejado ir aquellos instantes, el haberlos cambiado por algo incierto. Pero así era esto. Después de todo, de nada se arrepentía. Sabía que cada decisión la había tomado, como dicen por ahí, “con el corazón en la mano”. Tampoco le servía culpar al destino de su mal, pues siempre había pensado que c...

La costumbre de lo que llamábamos amor

Él va en su búsqueda día con día. La espera en la salida de su oficina, a eso de la seis de la tarde, para que puedan regresar finalmente a casa. Así ha sido los últimos veinticinco años. Apenas sus miradas se cruzaron y ya sabían lo que procedería. Aquél ritual amoroso que suelen hacer al saludarse: unen sus labios de manera intermitente, tal vez un abrazo y, enseguida, se toman de la mano. Comienzan a andar como quien conoce perfectamente su destino y, con paso atinado, ella intenta seguirle el ritmo. Pronto comienzan a intercambiar brevísimos relatos en los que resumen lo más importante de su día, tal vez alguna broma y un comentario furtivo. Suelen sentarse a comer juntos mientras miran el televisor sin cruzar palabra, pero a veces logran cruzar algunas miradas y coincidir a la hora de reír. Cuando queda un poco de energía comienzan a tejer caricias eróticas en la cama. Un par de besos y, recurriendo a otro ritual gastado, harán aquello que solían nombrar amor. A la mañana sig...

Premio Nuevo Periodismo 2010

Andando por los pasajes virtuales me encontré con el post de una de mis ex-profesoras de periodismo (he de decir, la mejor que he tenido), acerca de una nota de El Universal sobre Alejandro Cossío, ganador del Premio Nuevo Periodismo en la categoría de fotografía. Y pues, ya que andaba por ahí, decidí entrar al sitio web de dicha premiación para ver el trabajo de los nominados. La verdad es que las fotos son impactantes, no sólo por el trabajo profesional y el buen manejo de las composiciones sino por la crudeza que reflejan, son imágenes sofocantes que revelan una alarmante realidad.  Este es el trabajo de fotógrafos que capturan imágenes, situaciones, emociones, instantes, experiencias de vida. Este es el trabajo de profesionales que gritan a través de un lenguaje visual afinado, el cual le sirve de valiosa herramienta para hacer un llamado: ¡esto es lo que está pasando! ¡date cuenta! Si a veces las palabras no nos bastan para reaccionar, tal vez estas imágenes, que hablan po...

Un placer conocerte...

Eso no está bien. Debes andarte con cuidado. ¿Pero que no te has dado cuenta de que…? Seguramente ni siquiera sabes lo que quieres. No sabes lo que dices. ¿Qué pregunta es esa? ¡Qué cosas dices! …. Sé que no me entiendes, y que no deseas hacerlo. Sé que el diálogo más extenso entre nosotras es un cuestionario matutino bastante protocolario, tal vez un "Buenos días" Y un "Cómo amaneciste". Aunque no me agrade la idea, así han sido las cosas. Cada vez que te diriges a mí lo haces para escupir reproches, alertas, reprimendas o consejos pero, al final, lo único que escucho es un ¡tú no sabes, yo sí! A veces sólo callo, porque intentar decir algo cuando una multitud enardecida grita resulta ser un patético esfuerzo que deviene en una frustración mayor. Sobra decir que eres tú esa multitud que se abalanza contra mí, esa masa amorfa que se dirige hacia donde estoy para inmovilizarme. Siempre estás ahí para interrumpirme, para decirme: ¡detente, no sab...

De pasiones y buenas pelis

En este Mundial he notado que multitud de aficionados, pintados de pies a cabeza, con tambores, con la playera y bandera bien puestas, y el pulmón a todo lo que da, asisten a los estadios para alentar a sus equipos con vehemencia y convicción totales.  Eso se manifiesta en dos síntomas principalmente: a) se desgarran la garganta al gritar ¡Goooool! cuando su equipo anota, o bien, b) lloran intensamente cuando es derrotado. Esto me recuerda mucho a la peli de Hooligans, en donde los conflictos entre aficionados ingleses son cosas de todos los días. Me parece que el común denominador es la pasión que sienten por ser miembros de algo, por pertenecer a un mismo deseo o simplemente por buscar pleito. No importa mucho el fin pero… La razón es la pasión, ¿no es así? En muchas pelis o telenovelas es común que mil hombres anden detrás de una mujer, y siempre es esta mujer la que desatará en ellos una desmedida pasión que probablemente los conducirá a la perdición porque, admitámoslo, así...